Las naciones del mundo llegan a la década de los 90 marcados por la tragedia de la pobreza. Más de 1.000 millones de personas vivían como un insulto a la dignidad del género humano, 900 millones sin saber leer ni escribir y 14 millones de niños y niñas muriendo antes de cumplir cinco años. La desigual distribución de la riqueza, la deuda externa, la compra de armas y la corrupción se constituían en los principales lastres para el progreso de los países en vía de desarrollo.

Las naciones del mundo llegan a la década de los 90 marcadas por la tragedia de la pobreza. Más de 1.000 millones de personas vivían como un insulto a la dignidad del género humano… 900 millones sin saber leer ni escribir y 14 millones de niños y niñas muriendo antes de cumplir cinco años. La distribución desigual de la riqueza, la deuda externa, la compra de armas y la corrupción se constituían en los principales lastres para el progreso de los países en vía de desarrollo.
La crisis de la pobreza que afrontaba el mundo entero –ya desde décadas anteriores-, llevó a las Naciones Unidas a instar a los países industrializados para que aumentaran sus aportes de Cooperación al Desarrollo, fijando una meta del 0,7% de su PIB para ser alcanzada en los 90′ y hacer su transferencia a través de convenios bilaterales o multilaterales de desarrollo. En el mismo, los ciudadanos de estos países se animaron a movilizar importantes contribuciones altruistas para apoyar proyectos de sentido de las comunidades más vulnerables del mundo, a través de Organizaciones No Gubernamentales de Cooperación Internacional.
En Colombia no fuimos ajenos al flagelo mundial señalado. Para la década de los 90′, de 33 millones de habitantes que tenía el país, cerca de 16 vivían por debajo de la línea de pobreza trazada por Naciones Unidas y de estos, 6 millones en condiciones de pobreza absoluta, es decir, que aun cuando destinaran la totalidad de sus ingresos a la compra de alimentos, no lograrían satisfacer sus necesidades nutricionales mínimas.
A estas dramáticas cifras se ligaban: el nefasto problema del tráfico de drogas y el narcoterrorismo asociado, el recrudecimiento de la acción guerrillera, el paramilitarismo, la delincuencia común, el secuestro, la violación de los derechos humanos y la corrupción, que abocan al gobierno en un sinnúmero de frentes de lucha y que consumieron la mayoría de los recursos, desplazando en consecuencia las prioridades del desarrollo social.
Por lo anterior, era de esperarse que la Cooperación Internacional llegara a Colombia, particularmente con la finalidad de apoyar los grandes esfuerzos de la sociedad civil, que a través de diversas formas de organizaciones comunitarias como simples asociaciones de campesinos o vecinos de barrio, pasando por juntas de acción comunal, empresas solidarias, pre cooperativas y cooperativas, hasta fundaciones y corporaciones sin ánimo de lucro, han debido ingeniarse soluciones de autogestión a los más apremiantes problemas, y trataron de cubrir las áreas donde el Estado era deficitario o, sencillamente, no llegaba y que demandaban con urgencia recursos técnicos y económicos para ampliar su cobertura y hacer más eficiente su mano de obra.

Promover, descentralizar y democratizar la información sobre Cooperación Internacional, capacitar a líderes sociales en la formulación de proyectos competitivos y promover el fortalecimiento de las organizaciones de la sociedad civil fueron los desafíos que motivaron su fundación para fomentar el desarrollo social y motivar acciones más comprometidas de cooperación al desarrollo por parte de las fuentes bilaterales, multilaterales o de la filantropía mundial, fueron los desafíos que motivaron a Orlando Hernández González, quien se desempañaba como presidente de la Confederación Colombiana de ONG, a fundar una institución especializada en fomentar el desarrollo social y la cooperación internacional a partir del fortalecimiento de las relaciones con los demás pueblos del mundo.
El 14 de julio de 1990 en la ciudad de Cali, Colombia, nace la Fundación Norte – Sur.
Promover, descentralizar y democratizar la información sobre Cooperación Internacional, capacitar a líderes sociales en la formulación de proyectos competitivos, promover el fortalecimiento de las organizaciones de la sociedad civil y motivar acciones más comprometidas de cooperación al desarrollo por parte de las fuentes bilaterales, multilaterales o de la filantropía mundial, fueron los desafíos que motivaron a Orlando Hernández González, quien se desempeñaba como presidente de la Confederación Colombiana de ONG, a fundar una institution especializada en fomentar el desarrollo social y la cooperación internacional a partir del fortalecimiento de las relaciones con los demás pueblos del mundo.
Acompañaron la iniciativa en calidad de cofundadores el padre Alberto Jiménez Cadena SJ, presidente del Consejo Colombiano de ONG, Alejandro Olaya, presidente de la Federación de ONG del Cauca, Juan Bernardo Gálvez, presidente de la Federación de ONG de Caldas, Emma Ángel de Tejada, presidenta de la Federación de ONG del Valle, María Piedad Micolta, directora del Grupo Amigos 80, Patricia Sarria Morales, directora de la Fundación Renacer y Daniel Zuluaga Cubillos, empresario de la construcción.
El 14 de julio de 1990 en la ciudad de Cali – Colombia, se constituye la Fundación Norte Sur, como una entidad civil, sin ánimo de lucro, de utilidad común, de carácter No Gubernamental, fundamentada en principios democráticos y libre pensador, con el objetivo de promover el Desarrollo y la Cooperación Internacional, a partir del análisis global del reordenamiento del mundo y la finalización de las tensiones este-oeste y del informe de la Comisión sobre Problemas Internacionales del Desarrollo bajo la presidencia de Willy Brandt (1977), denominado “Norte – Sur un programa para la supervivencia” que plantea como prioridad las relaciones Norte – Sur, de donde se inspira el nombre de la Fundación.
Realizar investigación, capacitación y proyectos de Desarrollo Social con énfasis en Cooperación Internacional Norte – Sur y Sur – Sur, promoviendo la participación ciudadana y el fortalecimiento de la Sociedad Civil, como aporte a la lucha contra la pobreza, la justicia social y el progreso colectivo en un contexto global y de Desarrollo Humano Sostenible.
Ampliar nuestra misión hacia países hermanos, propendiendo por la constante innovación tecnológica y caracterizada por su participación en el debate internacional sobre políticas y programas de desarrollo, que nos conduzca a ser reconocidos como entidad consultiva de las Naciones Unidas.
01. Nuestras políticas, estrategias y acciones se basan en un enfoque integrado e integral en el ser humano, tendientes a promover activamente la potenciación de la gente y su participación en un sistema democrático y pluralista, profundamente respetuoso de los derechos humanos.
02. Hacemos de nuestro trabajo una vocación de servicio a la comunidad, como aporte a la construcción de una sociedad con mayor equidad y justicia social.
03. Mantenemos una conducta honesta y ética en todos nuestros actos, buscando el camino de la integridad, manteniendo los más altos estándares.
04. Desarrollamos nuestras acciones con oportunidad, pertinencia, calidad, eficiencia y eficacia, como generadores de confianza frente a quienes servimos.
